¡Se regulariza la violencia!

Ignacio Ruelas Olvera

 24 octubre 2023.

Normalizar los acontecimientos violentos es la peor ruta que los gobiernos permiten. En el ámbito de la responsabilidad, como valor de políticas públicas, esperan ser actualizadas y operar los déficits de la vida compartida. “El crimen organizado”, como se le denomina, se actualiza en calidad de sus maldades y en el crecimiento de sus imperios. “En la esquina de enfrente”, el Estado, “ni suda ni se acongoja”, han sido incapaces de crear razonamientos adecuados que transformen su normalización. Ya forma parte de la naturalidad los crímenes, las violaciones a los Derechos Humanos, a la violencia con que se comparte la vida social. Hace algunos meses vimos una portada de Hidrocálido que dio la vuelta al mundo, un perro cargando en su hocico la cabeza de una persona, en las calles de Fresnillo Zacatecas, y poco nos inmutamos gobernantes y gobernados…

         Nuestro tejido social está vulnerado, el Estado no ha sido capaz de cumplir con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Los primeros 29 artículos han quedado en deuda con “las personas”, como también han quedado en blanco las obligaciones de “las personas”. La fragilidad de la sociedad muestra el agotamiento de las responsabilidades de los gobiernos, a pesar de las políticas de bienestar que tutelan y promueven. El epicentro, creo, está, en la incertidumbre con que se vive y convive, se engendra en las oscuridades de las interpretaciones del Derecho y los acomodos a modo de programas a capricho; sin seguridad, ni confianza, ni libertad, en el porvenir es caldo de cultivo de los miedos que engendran las oscuridades.

         El lugar de “la persona” es insegura o no existe, es el momento fáctico de las políticas públicas que corrijan las desventajas, los abusos, los problemas…, las miserias se apoderan de las localidades, “ergo”, se ha dibujado el rostro de una sociedad frágil, efímera, irresponsable, no entiende el pacto social, ni la libertad, que inicia al ponerla al servicio de los “Otros”, el Estado ajeno a la “Otredad”, la justicia social, el buen común, el bienestar…, no relaciona solo a la política social, nuestra vida compartida demanda el desarrollo de valores y de comportamientos. Debemos hacer un alto en el camino para no estar en la inercia de las campañas electorales que se abrazan al esquema clientelar, es el instante de darle una vuelta a la tuerca y diseñar la disrupción de las virtudes populares de la mano de la instrucción pública y privada en acción cultural y educativa de la comunicación. Si las redes sociales, por ejemplo, alertan los alcoholímetros, por supuesto que ayudan a la formación de una sociedad participativa y, ambiciosamente deliberativa. 

El reloj de la nueva sociedad, la inteligencia digital, la revolución analógica, de la comunicación a 360 grados…, demanda una pedagogía de la virtualidad que enseñe a catalizar, discriminar, datos, información, noticias que no aportan nada más que sufrimiento de estrés de vivencias. Esta será la cepa de la política del siglo XXI, la que deje las formas anquilosadas y perversas que nos heredó le escolástica. El Estado mexicano deberá restablecer sus teleologías constitucionales. Castigar la pobreza no es actuar con justicia, la pobreza implica no actuar en el ámbito de la economía, camino de comportamientos que la cartografía política señala como ilegalidad. Así como se protege “lo tuyo y lo mío” es preciso defender la pobreza resolviendo la buena distribución de la riqueza por vía de las acciones de gobierno que eviten la ilegalidad.

“El crimen organizado”, ¡hasta el título es ofensivo para El Estado!, impulsa la criminalidad, que no es asunto de mal repartimiento de la riqueza, es una autentica VIOLENCIA. La alternancia política es un buen indicador democrático, empero, las fuerzas partidistas, cuando gobiernan, no lo reconocen, con ello impulsan el despotismo, la ilegalidad, la impunidad, la discrecionalidad…; prácticas ajenas a las reglas derivadas de un orden legal, tal y como lo observamos ahora con los tiempos políticos alterados y adelantados a la ruta legal. Los partidos políticos tienen rango constitucional, son “entidades de interés público”, además el Estado les subvenciona a través del “financiamiento público” para que se comporten como bujías de la construcción de ciudadanía no de pueblo clientelar, ni de comparadores de imágenes en disputa por el poder público.

La normalización de la violencia, crimen, barbarismo, “trata de blancas”, tráfico de órganos humanos…, a pesar de encuestas y estadísticas, gritan que estamos mal; los gobernantes están solo en su narcisismo; paralelamente, como en una guerra de baja intensidad de la época medieval, el dominio territorial entroniza crueles en todos los caminos. El mundo de la vida tiene posibilidades inconmensurables, ¿por qué apostarle a la violencia?… Humanismo, universidades, ciudadanía…, somos responsables de diseñar y construir “un mundo más bonito que el nuestro” … instituir la filosofía de la violencia es asignatura pendiente.

 


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