Recuperar el sentido de las redes sociales

Ignacio Ruelas Olvera

19 de diciembre 2023.

 

Las “benditas redes sociales”, al menos en términos de comunicación, tienen sentidas contradicciones al término “red social”. Impactaron en la primera década del siglo, presumieron comunicación y generación de comunidades, en todos los foros se dejó en firme que la sociedad de la comunicación estaba en su esplendor. “Un conjunto de equipos informáticos conectados con la finalidad de intercambiar, datos, imágenes, sonidos, información...” Es una red informática, nos dice la teoría. Posibilita una cartografía comunicativa para llevar adelante un negocio, dar a conocer un estudio, solicitar información respecto a algún tema o cosa, hacer nodos especializados, nodos filiales, nodos de interés..., mantenerse en contacto constante con otros, realizar cursos virtuales, auxilios de emergencia, evitar el alcoholímetro, discutir temas de interés, realizar campañas electorales... En definitiva, las redes sociales son como una plataforma de alcance internacional para levantar las voces y ser escuchados. Sin embargo, lo que impera es la incomunicación en las atmósferas de “redes sociales”. ¿Qué pasa con la idea y concepto de red? La Real Academia de la Lengua, dice que viene del latín “rete”: “Aparejo hecho con hilos, cuerdas o alambres trabados en forma de mallas y, convenientemente dispuesto para pescar, cazar, cercar, sujetar…”; también, “Ardid o engaño de que alguien se vale para atraer a otra persona”.

         Las redes sociales son el medio, son plataformas comerciales, ¡claro!, comunicar y construir comunidades son, entre otros, sus teleologías, pero lo importante son los “nodos”. Tener claro los “nodos” es encauzar ideas, evitar vacíos, las redes sociales nos quedan a deber funciones adecuadas para comunicar, educar, enseñar, formar, debatir… Será que no las hemos entendido y son medio de las barbaridades más desagradables de interlocución. Han perdido su misión de conectar para una vida compartida atenta y deseable. Es lamentable sus impulsos de manipulación, engaño, ideologización, basureo, denigración, subsunción de dignidades…, permiten comunicación desfigurada, llegando a las famosas “fake news”.

Se fortalecen con desinformar, son medio para propagandas y publicidades agresivas y violentas, metralletas que por vía de la impunidad que otorga la virtualidad disparan ráfagas de odio y descredito a todas y todos quienes discrepen de las ideas del ofensor.  La internet y las redes sociales son la última expresión de los medios de comunicación, empero, hoy día es extremo que la eficacia sea para falsear las verdades.  Tecnológicamente es comprobable pues la instantaneidad de transmisión es a la velocidad de la luz, los nichos de cada red son tan instantáneas que dejan atrasadas las noticias verdaderas, es decir, cuando se sabe lo verdadero la mentira se ha vestido de verdad e impacta en auditorios

En “el laberinto de la soledad” lo falaz es más rápido de llegar y, en no pocas ocasiones creíbles. El ser humano se ve aturdido de tantas pantallas, tantas bocinas, en temas sensibles y de interés, como cultura, filosofía, ciencia, guerras, terrorismo… se conjuga un amasiato entre personas y tecnologías de inteligencia artificial, unidos difunden información falsa. Más todavía, los robots con sus huellas acústicas y de imagen, acaban con un criterio contrario a los propósitos de “redes sociales”, a sus objetivos comerciales o ideológicos. Una reflexión así nos la hizo Sartori en “Homo videns”.

         Llegó la hora de una disruptiva pedagogía de la velocidad de la luz, del siglo XXI, de la multiplicidad de pantallas, de la transmisión indiscriminada de imágenes…, una pedagogía que enseñe cernir las ideologías polémicas, las religiones respetables, los futurismos científicos, el pensamiento posmoderno…, entender la época y sus circunstancias, tenemos la obligación moral de apoyar esta nueva pedagogía que impida incertidumbres. Es tiempo de coherencia, lucidez, veracidad... Imaginación y razón, proyecto y emoción, disrupción y utopía…, son pares de conceptos con los que dará respuestas, es aún tiempo de salvar la comunicación y la vida compartida de nuestra apasionante realidad virtual. Las viejas ideas de tiempo y espacio han sido superadas en su orden para una dialéctica que camina de la mano del instante.

         Vivimos ahora la disputa por el poder público, 20,375 cargos de elección serán votados el primer domingo de junio del próximo año en nuestra Patria. No permitamos que “las benditas redes sociales” alteren las voluntades, cerremos la puerta a la piratería cibernética que cobijada en una interpretación irracional y perversa del derecho de expresión deshumanizan la política. La ciudadanía vota y elige, determina el futuro político y social, ahí radica su importancia para exigir que la comunicación virtual sea tan imaginativa que cree un modo en que la sustitución del contacto humano asuma los consecuentes de una nueva pedagogía.

         Llegó la hora de decirles a los políticos que las redes sociales no sirven, son solo medio, lo esencial son los “nodos”, el “quid” comunicativo es el lenguaje con el que se construya “un mundo más bonito que el nuestro”.

 


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