“… sabia virtud de conocer el tiempo…”

Ignacio Ruelas Olvera


2 de enero 2024.

 

Hace unas horas celebramos la “noche de San Silvestre, noche vieja, fin de año”; con ello se da inicio a un nuevo calendario que organiza el tiempo de las personas en la mayor parte del mundo. Los misterios del pensamiento, la contemplación de la bóveda celeste, las evocaciones del pretérito fueron propicias para fundar usanzas, cultos, que se convirtieron en tradiciones en torno a la celebración.

         Nos dice la historia en una de sus interpretaciones consensadas que el pensamiento, facultad humana, es el disruptivo, la agenda romana emprendía el 1 de marzo, empero, en enero los gobernadores asumían su mandato en la Antigua Roma. De esta manera se explica la razón que en el 47 A.C. Julio César creó el calendario “juliano”. Este pueblo dedicó el día uno de enero a Jano, (“January”) en inglés, en el culto al dios de lo nuevo y los inicios; mucho intervino la idea de “proyecto”, creo, el tiempo por venir con una idea creativa. En su papado Gregorio XIII impulsó el conocido “calendario gregoriano”, 1582. En esta virtuosa manera de conocer el tiempo el mundo cristiano que era contundente lo emprendió como el inicio del año.

         El mundo es testigo de propósitos y buenos deseos, paradójicamente con las guerras sin límites, violencias irracionales que matan niños, mujeres embarazadas, civiles que nada tienen que ver con sus despropósitos. La celebración renueva los intentos y las metas de las personas. Las iglesias cada día pierden creyentes que nadan en la posmodernidad con un abundante discurso de posverdad, dijera el expresidente mexicano José López Portillo, “… solo sus chicharrones truenan…”. El panorama es desalentador frente a una posible reconciliación social. Hay guerras, también, de baja intensidad, como la que vivimos los mexicanos, que todos los días por la mañana nos enteramos de que lo que ocurre “no es cierto, que no hay violencia, que no hay asesinatos, que no hay narco-chantajes, que somos felices, felices, felices…”

         Delimitemos nuestra realidad con el auxilio del Varón de Königsberg, Manuel Kant, con sus cuestionamientos. “¿Qué puedo saber?”, nos deberá responder la metafísica, que las ideas en el crisol de las ciencias, la filosofía y las técnicas unidas impidan el grito de “¡sálvese quien pueda!”, que el año 2024 sea un renacimiento de amor a la sabiduría, al conocimiento, un acto de poder que honre el pensamiento mostrado en respeto a las instituciones educativas, de investigación, de cultura.

“¿Qué debo hacer?”, la respuesta la encontraremos en la moral, sin duda, la costumbre, “moris”, en las notas comunicativas de la alborada de palacio es muy frecuente que se inviertan los valores, una convocatoria para que la moral sustituya a la política, una trampa, ni el evangelismo, ni la cartilla de Alfonso Reyes, lo pueden emprender. La razón es simple, política y moral no son sinónimos. La moral nos apoyará a contestar la pregunta kantiana, pues ésta orienta al ser humano a conducirse en sus maneras de hacer vida compartida, es decir, evitar la violencia, las guerras, por ejemplo, en síntesis, no hacer daño ni a uno mismo. Por supuesto, la moral es la inteligencia que traza la cartografía para una vida deseable con sentido colaborativo, solidarios, es la moral la fórmula que aniquila las bajas pasiones, en su ausencia se precipita la violencia y la insana convivencia, “ergo”, el despotismo del poder, así lo señala Kant: “… coexisten la inclinación a vivir en sociedad y una hostilidad que amenaza constantemente con disolver la sociedad”.

“¿Qué me cabe esperar?”, aquí tenemos la respuesta en la religión tema tan sobaqueado. La religión, en plural, vive constantes intentos de iluminados que presentan ideas en contra de su fe. Tramposos que derrumban el diálogo con Dios de cada persona para dejarlo al amparo solo de las liturgias pseudopolíticas. La religión se ha convertido en tema complejo, pero no “es opio”. Es necesario atender las relaciones y las acciones que el Estado emprenda con la ciudadanía, darle una acción política de alto nivel a la pertinencia entre el Estado y la religión. En estos inicios de 2024 vivimos acción política por el poder del Estado. Sin duda, candidaturas y partidos realizan campañas por el voto, en la totalidad hay conciencia religiosa. Por su parte los servidores públicos deben atender sus responsabilidades constitucionales y legales, es decir, ser imparciales tanto en lo religioso como en los secular.

“¿Qué es el hombre?”, la antropología apoya para contestar, el propio Kant lo señala: “En el fondo, todas estas disciplinas se podrían refundir en la antropología, porque las tres primeras cuestiones revierten en la última.” Una excelente síntesis.

En política no hay iluminados sino PROYECTOS DE NACIÓN, sin ocurrencias; hay acción colectiva para resolver conflictos sociales. Jamás tributar decisiones que violentan, engañan y desorientan. El Estado deberá ser garante de equidad, justicia e igualdad electoral.

 

 


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