Instalar una nueva idea de poder

Ignacio Ruelas Olvera


21 de noviembre 2023.


El ejercicio de la política se ha sustentado en un abuso de poder. Las entidades de interés público que ganan en las urnas se ufanan de ello y lucen el poder sin recato. Somos, como humanos, entes sociales en donde las relaciones son eje de todas las actividades humanas, entre ellas la construcción del poder. El sustantivo poder ha sido y es de empleo amplio, al grado de hacerla polisémica. “Potere, pote y est”, puede ser, es posible, ser capaz de algo. Asociada a la idea de autoridad. (https://concepto.de/poder/#ixzz8JR2S5C7f.) En ese mérito, las relaciones humanas se ejercitan generalmente en la dominación, en la política en el sentido de obediencia. En ese instante se derrumba el concepto de la política, las cosas de la ciudad, la “polis”. La libertad y la confianza en la vida compartida se escriben en el ámbito de la norma, el equilibrio para que el poder no aplaste a nadie y sea el poder de la ley la que medie las existencias.

Las entidades de interés público se rigen y conviven por medio de sus documentos básicos, que son pautas normativas que determina el modo de ser de los partidos políticos. El ejercicio del poder directo y el velado. En ellos se plasma las estrategias, los comportamientos, la vigilancia, el cumplimiento, las formas y las jerarquías... Dominar busca conductas de obediencia, comportamientos en las formas que el dominador quiere. Nada más apartado del ejercicio de la política en donde el diálogo es garante de los equilibrios. Una manera del ejercicio del poder es la “subliminal”, …el trabajador que amenaza con presentar su renuncia, la persona que amenaza con suicidarse…, ejercen un poder velado, como el jefe jerárquico en una institución que define los rumbos sin considerar el mandato de la norma. Efectivamente, una de las mejores estrategias para ejercer el poder, es llevarlo a cabo sin que la persona afectada sea consciente de ello.

El ejercicio del poder, legitimado o “velado”, hace un corto circuito en la cultura, no entendido éticamente conduce al despotismo, la dominación, la soberbia, el sometimiento… parece ser una característica que se actualiza permanentemente. Para Carlos Marx el poder se acoge a las ideas del Estado como espada de dominación al servicio de los que oprimen a los pobres, en la sociedad actual quiénes hacen la dominación son los gobernantes bajo el escudo de la democracia; empero, el Estado es la atmósfera de las clases sociales, en esa virtud no es suprimible; los gobiernos surgidos del mandato de las urnas se abrazan al proceso legislativo para que los entramados de las leyes del Estado sean afines a sus ideologías; la creación de una nueva sociedad, en singular, “sin clases”, será producto de una lucha que premie con igualdad retórica, un retorno al medioevo, el imperio de la sociedad de los normales y la liquidación de los excepcionales, entonces ya no hay igualdad, se divide nuevamente la sociedad, esta idea no admite la diversidad ni la pluralidad. Su meta es la conquista del poder y la dictadura del proletariado, entonces surge como arte de magia el “Líder” en calidad de pastor, ejercicio de poder desmedido, ocurrente y perverso.

El poder político es en esencia el rostro exacto del Estado, de lo contrario no justifica la idea de soberanía. Lo ejerce mediante formas que se adecuan a los ciclos legislativos, de esta manera se revela el impulso que recibe de ideologías, persuasiones, marcos económicos, culturales, condiciones morales, crecimientos, convivencias…, para atender los arreglos, consensos, acuerdos…, de manera legal de los conflictos, siempre presentes y eternos... Según Foucault, el poder es una suerte de cartografía sobre la cual se trazan los polígonos de la autoridad y el control de las labores y vidas de las personas, de manera coercitiva por la avenida de la NORMALIZACIÓN de comportamientos e instituciones, el dedo en la llaga, es decir, incluye conductas individuales y colectivas, cancelación de los excepcionales.

El ejercicio y aplicación del poder debe tener sus bases en la cultura y su corazón: la educación y su “faro”: la pedagogía, disciplina que demanda atrevimiento y cualidad como conciencia de la realidad y sus transformaciones mediante la interlocución de la sociedad. Deberá intentar dejar atrás la masificación educativa, dominar éticamente la tecnología, adecuar las diversidades y métodos de enseñanza, superar fronteras… Llegó la hora de personalizar el aprendizaje, afinar artes y aptitudes, apostar por una educación intercultural, subrayadamente la emocional; preparar inteligencia múltiple y artificial, empoderar el pensamiento crítico, autoorganizar el aprendizaje, interacción social y cultural, desarrollar inteligencia y habilidades por medio de esfuerzo y práctica, una nueva actitud con una nueva mentalidad. El ejercicio del poder debe adaptarse a necesidades y demandas de la sociedad actual, eje de la soberanía; pertenece a todos y no es de nadie.

 


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